DOLOR Y MORFINA

La morfina fue descubierta en 1806 por Sertürner a partir del opio y hasta nuestros días es un fármaco con una "mala reputación" a pesar de ser un analgésico de excelencia.

Son muchos las creencias erróneas que hay en torno a la morfina y al dolor en el paciente con cáncer, y estas creencias se encuentran tanto en los pacientes y sus familiares como en el personal sanitario.

Algunas de estas falsas creencias son:

1. "El cáncer duele". Médicos y pacientes tenemos internalizado este concepto y aceptamos irremediablemente esta sentencia.
En los pacientes y familiares lleva a la aceptación del sufrimiento en forma silenciosa, a tener una mala calidad de vida y a morir con dolor.
En los médicos, nos lleva a observar y aceptar pasivamente este sufrimiento, y a no realizar un máximo esfuerzo por tratar efectivamente el dolor, porque creemos que no tiene control.
Es cierto que el cáncer duele, sobre todo cuando es diagnosticado en forma tardía como ocurre lamentablemente en muchos casos en nuestro país. Pero a pesar de esto, en el 95% de los casos puede controlarse con medidas sencillas.
Los pacientes tienen DERECHO a tener su dolor controlado y los médicos tenemos la OBLIGACION de tratarlo correctamente.

2. "La morfina determina adicción". La morfina no determina adicción en el paciente con cáncer, y esto ha quedado demostrado en un estudio de casi 12.000 en donde sólo un paciente presentó adicción, y este paciente se comprobó que era un adicto previo.

3. "La morfina determina depresión respiratoria". La morfina sólo determina depresión respiratoria cuando se la usa a altas dosis, por vía parenteral, en personas que no han recibido previamente opioides. O sea, determina depresión respiratoria cuando se la utiliza mal, ya que siempre se debe comenzar con dosis bajas e ir incrementando las mismas si es necesario, en forma progresiva.

4. "Hay que reservar la morfina para los dolores del final de la enfermedad". La morfina es un analgésico potente que se usa cuando los pacientes tienen dolores intensos, ya sea producidos por el cáncer, como por isquemia miocárdica o grandes quemaduras. Al no tener dosis máximas, siempre se puede ir incrementando la dosis de morfina y no es necesario que los pacientes sufran en el presente en pos de un alivio en el futuro.

La morfina es un excelente analgésico que los médicos debemos aprender a usar para poder controlar efectivamente el dolor de nuestros pacientes. Para tratar eficazmente el dolor en nuestros pacientes con cáncer, debemos saber que la morfina:

* Tiene como efecto secundario más importante y constante el estreñimiento, y por lo tanto junto a la prescripción de morfina debe ir la de un laxante.

* De acción regular o rápida (comprimidos de acción rápida, solución o ampollas) tiene una acción de 4 horas, por lo tanto si la indicamos cada 6, 8 o 12 horas, estaremos condenando a nuestros pacientes a sufrir dolor.

* No tiene dosis máximas, por lo tanto a mayor dolor, mayor dosis de morfina

* No debe emplearse conjuntamente con fármacos del 2º escalón de la escalera analgésica de la OMS (Tramadol y Codeína), ya que sólo se suman efectos secundarios y no potencia analgésica.

* No determina confusión mental ni alucinaciones, excepto si está mal indicada. Frecuentemente observamos que los pacientes en los que se refiere "confusión mental" luego de la indicación de morfina, ya la tenían previamente pero no había sido evaluada. El estado cognitivo debe evaluarse periódicamente en el paciente con cáncer, ya que el delirium o confusión tiene un alto grado de prevalencia.

* Debe indicarse con precaución, a dosis más bajas y a intervalos mayores que lo normal en casos de pacientes ancianos, o en aquellos con falla renal o hepatocítica.

* Tiene una biodisponibilidad oral del 30% respecto a la vía IV, por lo tanto la relación VO/IV es 3:1 y la relación VO/SC es 2:1.

* No mata a nadie si se usa correctamente; si se la usa incorrectamente como cualquier fármaco, puede generar efectos adversos deletéreos.

Usando correctamente la morfina lograremos controlar en forma efectiva el 95% de los casos de dolor en nuestros pacientes con cáncer.

 

Dra. Gabriela Píriz Alvarez

Jefa del Servicio de Medicina Paliativa

Hospital Maciel > gpiriz@hc.edu.uy

 

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